Un reloj de arena medio enterrado en la arena de una playa, con el mar de fondo, como metáfora de esperar el momento.

La Decisión

Por qué espero en liquidez hasta final de año

J.C. Rodríguez12 min de lectura

Voy a empezar por el final, porque es lo honesto: no voy a comprar nada todavía. En este momento, la decisión es mantener el dinero en liquidez, quieto, esperando. Y sé que eso, para mucha gente, suena raro. Abres una cartera para invertir, no para mirar.

Pero es que invertir bien es, sobre todo, saber cuándo no hacerlo. Yo miro el mercado de arriba abajo, siempre de lo más grande a lo más pequeño. Y ahora mismo veo un cuadro que me dice que esperar es lo más sensato. No porque sepa lo que va a pasar. Nadie lo sabe. Sino porque las probabilidades no están de mi lado, y porque el precio de esperar, hoy, es casi cero.

Deja que te enseñe el mapa entero. Con datos, sin humo, y con todos los gráficos que yo mismo miro. Al final entenderás por qué espero una ventana de entrada entre octubre y diciembre de 2026, y por qué prefiero perderme el próximo 5 % antes que comerme la próxima caída.

¿Está el mercado enfermo o solo un rincón de él?

Solo un rincón. Y esto es lo primero que hay que entender, porque casi todo el mundo lo cuenta mal. Llevas meses oyendo que “hay una burbuja de la IA” y que “esto va a explotar”. Pero cuando bajas a los datos, la economía está lejos de estar rota: el paro está bajando, no subiendo; las empresas del índice ganaron un 20 % más que el año pasado, con márgenes récord; el crédito está tranquilo; y el dinero sigue entrando en el sistema. Nada de eso es una economía al borde del abismo.

La burbuja, si quieres llamarla así, está en un único sitio: los semiconductores. Los chips que hacen funcionar la inteligencia artificial. Ahí sí ha pasado algo que conviene mirar con respeto, porque ya lo hemos visto antes.

Gráfico que superpone el índice de semiconductores en su ciclo actual y en la burbuja puntocom del año 2000, cada uno desde su suelo. Las dos curvas siguen un recorrido muy parecido.— ampliar a pantalla completa
El mismo índice de semiconductores, dos épocas distintas. En los años 90 subió un 1.024 % y luego cayó un 83 %. El ciclo actual lleva un 771 % en algo más de tiempo, y ya se ha dejado un 21 % desde el techo de junio.

Ese gráfico me quita el sueño un poco, no te voy a mentir. Es el mismo índice, con veinticinco años de diferencia, recorriendo un camino muy parecido. No significa que vaya a caer un 83 % otra vez. Dos casos no son una regla, y ya volveré sobre esto al final, porque tiene una segunda lectura mucho más optimista. Pero sí significa que este rincón del mercado ha corrido muchísimo, muy rápido, y esas cosas rara vez se enfrían con suavidad.

¿Y por qué me preocupa un solo sector?

Porque los semiconductores no caen solos: cuando pierden fuelle, tiran del resto. Y mi tesis es que esa pérdida de fuelle en los chips puede provocar una corrección general, sobre todo en el Nasdaq. Subrayo lo de tesis: no es una certeza. No sería la primera vez que un sector de moda arrastra a todo el mercado cuando el dinero decide rotar de sitio.

Y no es que me lo imagine. Ya hay grietas. En las tres grandes de la inteligencia artificial, el precio siguió subiendo mientras la fuerza que lo empujaba se iba agotando. Una divergencia en gráfico semanal, que suele tener una gran tasa de acierto: el coche acelera pero el motor ya está pidiendo aire.

Gráfico semanal de Alphabet con una divergencia bajista: el precio sube de 349 a 408 dólares mientras el indicador de fuerza baja.— ampliar a pantalla completa
Alphabet subió un 17 % hasta mayo… con menos fuerza detrás. Dos meses después había devuelto casi toda la subida.
Gráfico semanal de Broadcom con una divergencia bajista: subió un 19 % y luego lo devolvió entero y más.— ampliar a pantalla completa
Broadcom fue la que más subió del grupo… y la que más ha devuelto: un 21 % por debajo de su máximo.
Gráfico semanal de Nvidia con una divergencia bajista: el precio sube un 11 % mientras el indicador de fuerza cae un 35 %.— ampliar a pantalla completa
Nvidia, la reina del sector, subió menos y perdió mucha más fuerza. Es la que manda: cuando ella tose, el resto se resfría.

Fíjate en un detalle que no es casualidad: los techos no llegaron el mismo día. Nvidia hizo máximo el 11 de mayo, Alphabet el 18, Broadcom el 1 de junio. No fue un susto de una jornada. Fue una secuencia que empezó por dentro, en las acciones concretas, y fue saliendo hacia fuera, hacia los índices, semana a semana. Eso es exactamente cómo empiezan las rotaciones grandes.

¿Y quién más está viendo esto?

El dinero grande. Y aquí es donde deja de ser mi opinión y pasa a ser un hecho que cualquiera puede comprobar. Cada semana, el regulador de Estados Unidos publica quién está posicionado en el mercado de futuros y de qué lado. Y lo que dice ahora mismo es de las cosas más llamativas que he visto en años.

Gráfico de la distancia entre la posición del dinero pequeño y la de los grandes fondos en los futuros del Nasdaq. La línea marca el récord de toda la serie.— ampliar a pantalla completa
La distancia entre lo que hace el dinero grande y lo que hace el pequeño: nunca, en cuatro años y medio, había sido tan grande. Unos vendiendo, otros comprando.

Los grandes fondos están cargados de posiciones a la baja mientras la gente corriente compra a manos llenas. La distancia entre unos y otros nunca había sido tan grande en cuatro años y medio. Eso tiene un nombre feo: distribución. Los que saben repartiendo el papel entre los que llegan tarde.

¿Y por qué justo agosto?

Porque en agosto empieza a llegar el papel. SpaceX libera un primer tramo enorme de acciones a principios de mes, unos 123.000 millones de dólares. Y no es un evento de un día: es un goteo con tramos en agosto, septiembre, octubre y hasta diciembre. Cuando de repente hay mucho más papel a la venta, alguien tiene que comprarlo, y eso pesa sobre todo el mercado justo cuando ya viene tenso.

Y no viene solo. El resto de activos ya se está colocando para un escenario de tensión, en la cadena clásica: sube el dólar, suben los tipos de los bonos, y eso presiona a la bolsa y a lo más especulativo.

Gráfico del índice del dólar rompiendo al alza un rango de 54 semanas.— ampliar a pantalla completa
El dólar salió al alza de un rango de más de un año y aguantó seis semanas fuera. Un dólar fuerte aprieta a medio mundo.
Gráfico del bono estadounidense a 30 años formando un triángulo ascendente contra un techo en el 5,17 %, que acaba de superar.— ampliar a pantalla completa
Lo que paga el bono a largo plazo llevaba casi tres años empujando contra el mismo techo. En julio lo pasó.

El bono importa más de lo que parece, y aquí está el mecanismo: cuando lo que paga el bono sube y lo que pagan las empresas no, la recompensa por asumir el riesgo de la bolsa se encoge. Y ahora mismo esa recompensa está en mínimos.

Y el más nervioso de todos, como siempre, es el bitcoin: el activo que más sube cuando sobra dinero en el mundo y el que más cae cuando empieza a faltar. Ya ha perdido un soporte importante.

Gráfico del bitcoin que ha perdido el canal alcista que traía desde 2022, con un canal mucho más abajo aún intacto.— ampliar a pantalla completa
El bitcoin perdió el canal que traía desde 2022. El siguiente suelo de verdad está muy por debajo. Es el canario de la mina.

A todo esto súmale la lista de la compra de los riesgos sueltos. El petróleo subiendo por la tensión con Irán, que ha pasado de 70 a más de 90 dólares en dos semanas. El Banco de Japón defendiendo su moneda y poniendo en peligro una de las tuberías de dinero del mundo. Y el propio ciclo del bitcoin, que suele hacer suelo por octubre-noviembre. Ninguno de estos, por sí solo, tira el mercado. Todos a la vez, en la misma ventana, son otra cosa.

Entonces, ¿por qué octubre-diciembre?

Porque hay cinco relojes distintos, que no tienen nada que ver entre ellos, y todos dan la hora en la misma ventana. Esto es lo que convierte una corazonada en una fecha. Ninguno de los cinco es una predicción; son cosas que ya están en el calendario o que se mueven a un ritmo conocido.

  1. 01

    El goteo de SpaceX

    Desde principios de agosto y en tramos sucesivos hasta el 8 de diciembre va saliendo papel al mercado. Oferta que hay que absorber, justo encima de todo lo demás.

  2. 02

    El petróleo llega a los precios

    Un petróleo caro tarda entre seis y ocho semanas en aparecer en la inflación. La subida de julio se verá en los datos de septiembre y octubre.

  3. 03

    Los resultados del tercer trimestre

    Se publican en octubre y noviembre, ya con la energía cara mordiendo los márgenes de las empresas. Es cuando se ve si el cuento se sostiene.

  4. 04

    El calendario electoral

    Las hay el 3 de noviembre. En años de elecciones de medio mandato en EE. UU. la bolsa suele sufrir su peor bache del año, casi siempre en otoño. Y los doce meses siguientes suelen ser de los mejores.

  5. 05

    La Reserva Federal

    No tiene margen para bajar tipos hasta que la inflación ceda. Su reunión de diciembre es la primera con datos suficientes para cambiar de rumbo. Hasta entonces, no hay red debajo del mercado.

Cuando cinco cosas independientes apuntan al mismo trimestre, dejo de creer en las casualidades. No sé el día ni la hora. Puede adelantarse a agosto o retrasarse a enero. Pero el peso de la evidencia dice que entre octubre y diciembre se juega algo, y prefiero tener el dinero preparado para entonces que atrapado antes.

¿Y cómo sabré si es una corrección o algo peor?

Ese es el millón de dólares, y la respuesta honesta es: dependerá de cuánto se compliquen las cosas por el camino. Una corrección es una caída sana que limpia excesos dentro de una tendencia que sigue viva. Un mercado bajista es una herida más profunda. La diferencia entre uno y otro no la decide un gráfico: la deciden los datos de la economía real.

Se convierte en algo peor si…

  • El crédito empieza a tensarse de golpe.
  • El petróleo se queda por encima de 100 dólares.
  • El dólar y los tipos siguen subiendo sin freno.
  • Se rompe alguna tubería del sistema, como el carry trade del yen.

Se queda en corrección si…

  • El crédito sigue tranquilo, sin tensión entre bancos.
  • El paro sigue bajo y la gente sigue con trabajo.
  • Los beneficios de las empresas no se revisan a la baja.
  • El petróleo y la tensión con Irán se calman.

Cuanto más suban el petróleo, el dólar y los tipos, más peligroso se vuelve un mercado bajista y menos probable una corrección limpia. Hoy, mientras escribo esto, la balanza se inclina hacia la corrección: la economía aguanta. Pero hay una pregunta que llevo dándole vueltas y que no quiero esconderte, porque es la clave de todo.

En 1998, el año al que de verdad se parece esto, el mercado se dio la vuelta y siguió subiendo porque la Reserva Federal bajó los tipos tres veces en siete semanas, forzada por una crisis. Hoy no está bajando tipos; media Fed quiere subirlos. Para que después de la caída venga la recuperación en V, hace falta que algo le fuerce la mano. Así que la pregunta de verdad no es cuánto cae, sino qué se rompe. Y esos “qué” son justo los de la columna de la derecha de ahí arriba. Por eso los vigilo uno a uno, cada semana.

¿No es más fácil comprar ya y aguantar?

Podría. Pero mira el coste real de esperar, porque este es el argumento que lo cierra todo. Ahora mismo, la recompensa que te da la bolsa por asumir su riesgo es casi la misma que te da un bono a corto plazo sin arriesgar apenas nada. Traducido: esperar, hoy, cuesta muy poco. Renuncias a una migaja de rentabilidad a cambio de tener la munición lista para un momento mucho mejor.

~1,8 %

Es lo que la bolsa paga hoy de más sobre un bono seguro. Una prima tan baja solo se ha visto en contadas ocasiones, y ninguna acabó bien para quien compró caro.

Comprar caro y aguantar funciona cuando lo que compras está barato o razonable. Cuando está caro y encima con avisos por todos lados, aguantar no es paciencia: es tozudez. La paciencia de verdad es esperar el pitch bueno con el bate en el hombro, aunque te canten un par de strikes.

Entonces, ¿esto es 2000 otra vez?

No. Y esta es la parte que más me importa que te lleves, porque es la esperanza dentro de toda esta prudencia. Aunque todo el mundo te diga que esto es igual que la burbuja puntocom, se parece mucho más a 1998: un mercado a precios exigentes, sí, pero sin la euforia desatada ni la locura generalizada del 2000. Está caro, no está eufórico. Y muchas de las empresas que lideran hoy ganan dinero de verdad, cosa que en el 2000 no pasaba.

Y aquí va el gráfico que, para mí, lo cambia todo. No solo por lo que enseña, sino por lo que implica detrás.

Gráfico que compara el Nasdaq desde el lanzamiento de Netscape en 1994 y desde el de ChatGPT en 2022. Las dos curvas van casi pegadas los primeros años.— ampliar a pantalla completa
El Nasdaq desde que internet llegó a la gente (Netscape, 1994) y desde que la IA llegó a la gente (ChatGPT, 2022). En este mismo punto del recorrido, a internet le quedaba por delante lo mejor.

Toda burbuja grande nace de lo mismo: gente que cree que un cambio va a pasar de la noche a la mañana. En el 2000, pensaron que internet se desplegaría en tres años. Tardó quince. Hoy la gente dice que la IA va a cambiar el mundo, y probablemente tenga razón, pero tardará su tiempo. Y esa distancia entre la ilusión y la realidad es justo el combustible de las burbujas.

Mira la línea dorada: en este mismo punto del camino, a internet le quedaban por delante sus mayores subidas. El grueso llegó después de donde estamos ahora. Por eso una caída ahora, si no acaba en algo peor, no es el final de la fiesta: puede ser la mejor entrada a una fiesta que aún tiene cuerda para años. Susto y oportunidad, no funeral.

¿Y para qué existe el mercado en realidad?

No para que tú ganes dinero. Eso es lo que cree casi todo el mundo. Error. Y lo que implica ese gráfico no es poco, así que deja que te lo explique de la manera más sencilla posible.

El trato, cuando pones el dinero en el sitio correcto, es este: esa empresa se vuelve más productiva, gana más, y a cambio cobras tú, en dividendos o en el valor de tu acción.

¿Y cuál es el sitio correcto? Aquel donde el capital ha decidido poner la mano para convertir a alguien en líder.

Mira SpaceX: sus cuentas de hoy no sostienen ni de lejos esa cifra, y aun así ha salido al mercado valorada en dos billones de dólares. ¿Por qué? Porque el capital ha decidido que sea el buque insignia de la exploración espacial estadounidense durante los próximos años. Y cuando esa decisión se toma, el precio no espera a los beneficios: los precede.

Eso no significa que le tenga que ir bien sí o sí. Ya han conseguido el dinero; ahora habrá que ver qué deciden hacer con él, y cabe esperar mucha volatilidad en la acción.

Por eso el gráfico de antes no compara dos tecnologías por comparar, ni pone dos índices uno junto al otro por casualidad. Compara cómo el capital mueve la maquinaria entera para levantar una tecnología que va a cambiar el mundo, y para mandar en ella. Dos tecnologías distintas, en épocas distintas, siguiendo el mismo manual.

Todo esto lo iré contando semana a semana, con cada decisión y sus razones. Buena suerte, inversores.

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Preguntas frecuentes

¿Estás diciendo que la bolsa se va a desplomar?
No. Digo que lo más probable es una corrección, no un mercado bajista, porque los fundamentales de la economía siguen sanos. Una corrección es una caída sana dentro de una tendencia que sigue viva; un mercado bajista es otra cosa. Y ninguna de las dos es segura: son escenarios que vigilo, no predicciones.
¿Por qué esperas justo a octubre-diciembre?
Porque cinco cosas independientes coinciden en esa ventana: el goteo de acciones de SpaceX que sale al mercado hasta diciembre, el efecto del petróleo caro en la inflación de septiembre-octubre, los resultados empresariales del tercer trimestre, el patrón histórico de los años de elecciones de medio mandato y la primera reunión de la Reserva Federal con datos suficientes para cambiar de rumbo. No es una fecha mágica: es donde se juntan los relojes.
¿No es esto lo mismo que la burbuja puntocom del año 2000?
Se parece más a 1998. En el 2000 había euforia y valoraciones de locura por todas partes; hoy las valoraciones son exigentes pero no hay euforia generalizada, y muchas de las empresas que lideran ganan mucho dinero, cosa que en el 2000 no pasaba. La burbuja, de momento, solo está en un sitio: los semiconductores.
¿Qué haría cambiar de opinión y comprar antes?
Que los avisos se apaguen: que el petróleo vuelva a bajar, que el crédito siga tranquilo, que los beneficios no se revisen a peor. Si el terreno se despeja antes, la espera se acorta. La decisión no está clavada en un calendario: se toma con los datos delante, cada domingo.

Fuentes

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